Hidratación en la infancia

La infancia es una etapa decisiva para el desarrollo general durante toda la vida de una persona. La dieta de un niño desempeña un papel importante que determinará su crecimiento y su salud en la vida adulta. Una hidratación saludable forma parte de la dieta equilibrada.

Los estudios actuales parecen indicar que la ingesta de líquidos por los niños es a menudo subóptima en comparación con los valores de referencia establecidos, favorecido por elevado consumo de bebidas azucaradas en el moderno estilo de vida actual.

La fisiología del agua cambia rápidamente durante los primeros años de vida, y se va ralentizando hasta alcanzar progresivamente la fisiología adulta en la adolescencia.

El agua es el principal componente del cuerpo humano. Representa el 60% del peso corporal de un adulto. Además, debido a las diferencias de composición corporal, los niños tienen un mayor contenido en agua en relación con su masa corporal que los adultos. En promedio, el agua representa el 75% de la masa corporal de un lactante durante los 6 primeros meses de vida. Después se reduce rápidamente entre los 6 meses y 2 años de edad, y más despacio durante la infancia. Alcanza el nivel adulto hacia la pubertad (>12 años). También es a partir de los 12 años cuando aparecen las diferencias de sexo: el agua como porcentaje del peso corporal total se reduce más rápido en las chicas, debido a que, en general, las mujeres tienen un mayor porcentaje de grasa corporal que los hombres. 

A pesar de las diferencias fisiológicas, la capacidad termorreguladora de niños y adolescentes es comparable a la de los adultos. Los riñones alcanzan la madurez hacia los dos años de edad aproximadamente, con una capacidad de dilución y concentración de la orina equivalente a la de los adultos. Las diferencias fisiológicas en lactantes, niños y adolescentes en comparación con los adultos están relacionadas con el contenido de agua en el cuerpo, las pérdidas hídricas insensibles, el índice de sudoración y la función renal en el caso de los niños menores de dos años. Se atenúan a lo largo de la infancia para equipararse a las de los adultos en la adolescencia. 

Durante la actividad física, la deshidratación afecta una serie de funciones fisiológicas, aumentando el esfuerzo termorregulador y cardiovascular. Esto provoca una disminución del rendimiento y un mayor riesgo de golpe de calor por esfuerzo (calambres por calor, desvanecimiento, agotamiento, insolación grave), especialmente durante un ejercicio físico continuo en clima cálido/muy cálido (Council on Sports Medicine and Fitness and Council on School Health, 2011). Una deshidratación leve (1-2% del peso corporal) tiene un efecto negativo en la tolerancia al esfuerzo y el rendimiento durante la actividad física, así como en las funciones cognitivas. El agua es una opción saludable en cualquier momento. No tiene calorías, y no contiene azúcares ni aditivos. Pediafitness recomienda aumentar la ingesta de agua como una acción prioritaria para un estilo de vida más saludable en los niños. 

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